jueves, 17 de diciembre de 2009

Desde el fondo del tren se escucharon gritos
la luz titilaba, el ambiente enmudecía
los ojos se centraban en el espacio.

Las sombras dejaron de acompañar, habían quedado atrás
las manos se pusieron tiesas, la saliva amarga
el tren comenzó a moverse, el vaivén adormecía el tiempo
los gestos eran eternos, las lagrimas eran cómplices de la vida

Ya sin gritos, sin sollozos, sin murmuraciones, sin cánticos
el tren se detuvo, una burbuja de aire estallo en el pecho de los viajantes.
Ahora sin lagrimas, ahora sin tiempo, ahora sin gestos, pero llenos de sombra

1 comentario:

Anónimo dijo...

mmmmm simpre haciendo fecunda la monotonia. me encanto
Anita

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