lunes, 1 de marzo de 2010

Corre despavorido entre la sal, se escapa de las ceremonias.
No tiene ángel que lo proteja, ni viento que lo empuje.
Termina contra un alambrado, atado de pies y manos,
sostenido solo por el entusiasmo de seguir.

2 comentarios:

La candorosa dijo...

El entusiasmo a seguir a llevado a algunos seres, a parecer eternos...

Saludos!

El Jardinero dijo...

que feo tropezar y romperte la geta (jeta?) contra la sal

pero pintorezco!

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